No eres una forma fija.
Eres transición.
No es cambio.
Sería evidente.
Es continuidad en tensión.
No te mantienes igual.
Tampoco te vuelves otro.
Nace de algo incómodo
que prefieres simplificar:
lo que llamas “yo”
no se sostiene igual
en todos los momentos.
IDENTIDAD FLEXIBLE
No es perder forma.
Es no cerrarla del todo.
No hay versión final.
No hay borde definitivo.
En lo cotidiano
Te defines.
Te repites.
Te afirmas en lo conocido.
No.
Algunas partes de ti
ya no encajan
donde sigues intentando quedarte.
Y otras
aún no terminan de aparecer.
El símbolo
Responde a eso.
No hay un solo contorno.
Hay más de uno.
Se cruzan.
Se desplazan.
No se anulan.
No se fijan.
Conviven.
El punto no define.
Se sostiene dentro del cruce.
No pertenece a una forma.
Pertenece al tránsito.
No puedes fijarlo
sin perderlo.
El objeto
No representa el axioma.
No define quién eres.
Te expone a la incomodidad
de no ser siempre el mismo
sin dejar de ser tú.
Cuando lo ves,
no estás cambiando.
Estás reconociendo
que nunca fuiste fijo.

Elige cómo relacionarte.
No es lo mismo. Aunque lo parezca.